¿Qué vas a hacer cuando seas grande?
- Lic. Lía Goren

- 26 oct 2016
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 19 ene

Un deseo es una monedita lanzada al futuro. El deseo cumple una función de enlace: integra la experiencia presente con el futuro, donde reside su cumplimiento, y con el pasado, que culmina y se compendia en él.
Irving y Miriam Polster (1985)
Ahora voy a estudiar música
Durante un taller para familias, una mujer contó la historia de un muchacho que, apenas se recibió de médico, fue con sus padres y les dijo: “Ahí tienen mi diploma, ahora me voy a estudiar música”. Y nunca jamás ejerció la medicina. Más que una anécdota, esto es una tragedia. Imaginen el esfuerzo y los años de vida que perdió para poder sentirse con derecho a estudiar y hacer lo que quería.
Cabe que nos preguntemos también ¿sobre qué tipo de creencias acerca de la crianza se habrán apoyado sus padres a la hora de imponer semejante sentido de obligación en su hijo? ¿Qué habrá respondido ese muchacho cuando de niño le hacían la tan remañida pregunta del "qué vas a hacer cuando seas grande"? Cuesta imaginar las cosas que le habrán dicho para convencerlo de postergar su deseo más profundo. No hay nada de amor en la voluntad de control.
Yo misma soy una de esas hijas que querían ser bailarina primero, pintora después y terminé siendo maestra, qué horror. ¡Maestra! ¡Con lo espantoso que fue mi etapa de alumna de primaria! En mi experiencia de aquella época, si había personas con cero mísitca habían sido mis maestras (excepto una). Pero hay que pensar en el futuro, decían mis padres, la pasión es para después (qué tristeza), para cuando ya se tuviera dinero y seguridad. ¿Conocen personas excelentes y creativas y proactivas haciendo cosas que no aman? Creo que eso no existe.
Esa experiencia solo me trajo inseguridad respecto de mí misma y de la validez de mis elecciones. Gracias a Di-s a veces tenemos la oportunidad de cruzarnos con ese evento que parece intrascendente, pero que termina poniéndole una bisagra a la vida y lo cambia todo. Así fue cuando conocí la Expresión Corporal, justo en sus inicios, y retomé mi rumbo más querido. De ahí en más todo fue para mejor. No fue rápido, pero siempre para mejor.
“Animarse a andar en bolas”
En la vida de todos hay momentos en que entramos en detenimiento, como si nos pulsaran un botón de pausa. Son momentos en los que ya no sabemos bien lo que queremos ni como seguir. Continuamos rutinariamente con nuestras tareas, en automático, y aunque no vemos exactamente ni-dónde-ni-cómo-ni-cuándo, en el fondo, sabemos que la cosa está empezando a ir para otro lado.
Todo lo que he escrito hasta aquí me surgió hace unos días, cuando me curcé con esta cita de Fernando Pessoa en un video de Lala Pasquinelli:
Hay un tiempo en el que es preciso abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo, y olvidar nuestros caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares…
Es el tiempo de la travesía: y si no osamos hacerla, quedaremos, para siempre, al margen de nosotros mismos…
No sé y Por ahora
Lamentablemente, estos detenimientos de los que hablaba más arriba suelen suceder durante la adolescencia y, quizás no por casualidad, en el momento en que la familia y el calendario escolar (no el vital) les pide a los hijos y a las hijas que tomen decisiones que atañen a su futuro. Muy mal momento, porque como dice Lala Pasquinelli, están bastante incómodos con las ropas que llevan y sin saber todavía cuáles quieren ponerse.
Y cuando esto pasa, los padres enloquecen y hacen todo lo contrario de lo que deberían hacer: preguntan, insisten, opinan... Cuanto más presión les ponen a sus hijos e hijas, más bloqueo. Y de ensimismados, soñadores y un poco en bolas pasan a deprimidos y enojados, porque al no poder encontrar la respuesta que todo su entorno les dice que deberían tener comienzan a sentirse fallados, que algo anda mal con ellos.
Valoré las dos formas de responder al futuro (siempre incierto) que adoptó para sí misma Lala Pasquinelli y decidí adaptar y transformar en dos premisas parentales:
Aprende a soportar que tus hijos e hijas se queden quietos y digan “no sé” cuando realmente no saben.
Y dado que nunca nadamos en el mismo río, hazles saber que aquello que en un momento les de un sentido significativo a sus vidas, siempre es un “por ahora”.
La brújula interior
¿Cuándo es el "cuando seas grande"? Supongo que para los padres es el momento en el que deben ganar autonomía y salir de casa. Porque tampoco es cuestión de que se queden dudando el resto de sus vidas sobre su futuro en el hogar paterno. No es la idea.
En realidad, el tema de cada posteo siempre tiene otras aristas a tener en cuenta y que las madres y padres tienen que trabajar si ese hijo o hija está demasiado bloqueado, no importa la edad que tengan. Pero en función de lo que aquí venimos conversando, es importante frenar nuestra propia ansiedad ante un futuro que siempre es incierto, respirar profundo y dar tiempo.
No obliguemos a nuestros hijos e hijas a dirigirse a ningún puerto cuando todavía no tienen la brújula interna que les brinde alguna pista del lugar al que quieren ir. Dejemos que se sumerjan tranquilos en las aguas inquietas de sus todavía difusos deseos. Solo así, entre los “no sé” y los “por ahora”, podrán darse cuenta en donde se sienten más cómodos.
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