top of page

No quiero ir más a fútbol

Actualizado: 17 ene

Un niño del cual se ve el torso y las piernas en una cancha de fútbol, con una pelota al lado de su pie izquierdo y con la pierna derecha en actitud de estar a punto de patear la pelota


Hace un tiempo y entre otros temas de consulta, una pareja se preguntaba cómo convencer a su hijo pequeño para que asista a las clases de fútbol. El año anterior las había disfrutado mucho y ese año no quería ir.


Quiero aclarar que compartía y comparto totalmente el criterio de su mamá y su papá respecto de la importancia de que los chicos y las chicas realicen algún deporte y las aun mayores ventajas del deporte en equipo.


Sin embargo, lo que me parece interesante de esta situación como para dedicarle este espacio en el blog, radica en el dilema que se nos presenta a los adultos cuando quedamos divididos entre respetar el derecho a elegir de los chicos (qué, cuándo y cómo) y los que nosotros sabemos o creemos que es bueno para ellos. Entre su necesidad de autodeterminación y nuestro deber de cuidarlos y ayudarlos a desarrollase.


Mi sugerencia fue que no insistieran. Que no quisiera ir a fútbol en ese momento no implicaba que nunca más iba a querer hacerlo ni opacaba la posibilidad de que en otro momento pudiera elegir otro deporte. Era chiquito todavía, iba al jardín, había tiempo para ver que pasaba.



Tirar de la soga

Cuando los chicos y las chicas tienen pocas opciones para que sus "no" sean escuchados y validados tienden a buscar, empecinadamente, toda ocasión propicia para demostrar que no son títeres, que pueden querer otra cosa y que necesitan ejercitar su posibilidad de elegir.

Esto comienza a suceder cerca de los 3 años de edad. Es el tiempo de crianza en el que los adultos comenzamos a sentir que estamos conviviendo con el enemigo, que "basta que yo diga 'A' para que diga 'B', que basta que yo diga que hay que ponerse los zapatos para que diga que no quiere".


Se repiten las típicas escenas a las que llamo "tirar de la soga", un lado dice que sí y el otro dice que no. El problema con estas escenas es que, además de ser agotadoras, instalan una mecánica relacional que a veces, más de las que quisiéramos o imaginamos, se traslada a todo tipo de situaciones y durante toda la vida de una persona. No importa qué ni cómo, por las dudas me opongo.


La necesidad de que las propias necesidades y deseos sean tenidos en cuenta es psicológicamente más importante que el hecho mismo de jugar al fútbol, volver a una hora determinada a casa o ponerse los zapatos.


Cuando los chicos se sienten demasiado comandados se dispara en ellos una respuesta de oposición sistemática, se vuelven reactivos, "no importa qué pero me opongo", Porque lo que le duele es no ser considerados en absoluto.



El juego de poder no se juega

Cuando la necesidad de contar con determinados grados de autodeterminación no es bien acompañada, lo que se instala en la relación es el juego de poder. Es como si ellos se dijeran: "a ver si en esta consigo hacer algo, aunque sea algo como yo quiero", o "no voy a ir aunque me guste, no voy a permitir que crean que controlan mi vida por completo".

Si les decimos siempre lo que tienen que hacer, si los dirigimos todo el tiempo, los chicos y las chicas se vuelven sumamente reactivos. Esto significa que hacen de cada situación una oportunidad para la auto-afirmación y la convivencia empieza a parecerse a un campo de batalla. En ese juego todos pierden.



Elegí tus batallas

Si lo dicho hasta aquí te suena conocido, te invito a revisar y elegir qué cosas son para vos no negociables (por la calle vas de la mano; aunque tengas 12 años no hay juegos electrónicos después de comer; todavía no te voy a dar un celular) y en qué cosas tus hijos pueden elegir: que un día (no todos, jeje) quiera comer otra cosa, que vaya a una reunión familiar o cumpleaños con una ropa que él o ella aman aunque sea poco presentable, que alguna vez falte a la escuela aunque no esté enfermo si es que alguien puede cuidarlo, etc. Estos son simples ejemplos y sin dudas varían para cada familia.

El punto central es: administrá tus fuerzas y desarmá la dinámica destructiva del juego de poder.


Quizás, ahora entiendas por qué tantas veces no funciona eso de "razonar" con ellos, porque no son las ventajas de hacer deporte, de volver temprano, de ponerse los zapatos o de salir abrigado lo que está en juego. Está en juego el valor de la diferencia y la necesidad de autodeterminación, un tema que puedes ampliar en este muy bien recibido posteo anterior titulado No quieras nada para tu hijo.



Cuando puedo decir no, también puedo decir sí

Esta es una de tantas situaciones paradojales de la crianza. Pretendiendo una mejor vida para los chicos y las chicas los volvemos reactivos y rebeldes. Los adultos tenemos que estar dispuestos a replantearnos los preceptos de crianza que adoptamos sin siquiera cuestionarlos.


Si seguís entusiasmado con este tema, este video va en la misma línea de este post y espero que te sume y te guste.



Jay Shetty - No dejes que nadie maneje tus tiempos


Todos los comentarios son bienvenidos.

Y si lo que leíste te pareció interesante te agradezco que compartas en tus redes. 


 

Comentarios


Isologo de Awayo que muestra simbólicamente tres personas conectando a modo de red con la intención de evitar la clásica imagen jerárquica de los integrantes de una familia y valorizar lo relacional y distribuido para la salud vincular.

Lic. Lía Goren

liagoren@gmail.com

​móvil:  +972 587 308 127

​Ciudad de Buenos Aires - Argentina

Haifa - Israel

El Blog

El blog es el espacio de reflexión compartida de Lía Goren. Allí vas a descubrir contenido de valor y siempre vigente ¡No te lo pierdas!

  • Icono social Instagram
  • Facebook Classic
  • Twitter Classic
bottom of page