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No quieras nada para tu hijo

Actualizado: 25 ene


Camino de tablas sobre un suelo pedregoso para permitir transitar mejor y simboliza el recorrido de vida de cada persona.


No quieras nada para tu hijo o hija que no deseen para sí mismos.


Desde la cuna, y a veces desde mucho antes, nuestros hijos se constituyen en un gran signo de interrogación y nos preguntamos ¿qué va a ser cuando sea grande? ¿Qué tengo que hacer para que sea una persona de bien? ¿qué clase de persona llegará a ser?

A medida que crecen, estas inquietudes entran al centro de la escena, cada vez con más fuerza. Es cuando comienza a delinearse una delgada línea divisoria, casi invisible, sobre la que tenemos que mantenernos alertas.


Querer lo mejor para ellos no es lo mismo que decidir por ellos. Asumiendo que es inevitable y bueno que deseemos “lo mejor” para nuestros hijos, debemos aprender a discernir entre los buenos deseos para con la vida de ellos y el respeto por la persona que son. Podemos y es bueno fortalecer su autoestima y autoconfianza y ayudarlos a mantenerse en contacto con sus intereses y vocaciones, y apoyarlos, pero no podemos ni debemos desear por ellos.


“Como fenómeno lingüístico decimos que el respeto es el juicio de aceptación del otro como un ser diferente de mi, legítimo en su forma de ser y autónomo en su capacidad de actuar. Implica, por lo tanto, la aceptación de la diferencia, de la legitimidad y de la autonomía del otro en nuestra convivencia en común. Implica, por ende, la disposición a concederle al otro un espacio de plena y recíproca legitimidad para la prosecución de sus inquietudes. … El respeto mutuo, como lo señala Humberto Maturana, es no sólo precondición del propio lenguaje, sino de toda forma de convivencia social, desde la cual el mismo lenguaje emerge.” -- Rafael Echeverría

Querer lo mejor para nuestros hijos no es lo mismo que decidir por ellos. Después de tantos años de trabajo con familias sigo preguntándome ¿Cómo es que los adultos estamos tan enamorados de la idea de que los chicos no saben lo que quieren y que si no los dirigimos no harían nada de sus vidas?



"Mi hijo es un poco vaguito"


Sí, dije "vaguito". Esto fue lo que me dijo hace unos días una psicóloga conocida. Detesto esta frase, es uno de los eufemismos preferidos de las madres y los padres (y también educadores) cada vez que se encuentran con el desánimo, la desorientación o con otras variantes de problemas de aprendizaje de sus hijos.


No necesito ser muy perspicaz para imaginar lo poco agradable que debe ser notar ese tipo de actitud en el propio hijo. Por experiencia, sé muy bien que ante la falta de recursos para mejorar la situación, de pura impotencia nomás y con cierto sabor amargo en el corazón, suavizan el duro juicio de “vago” con el recurso de aplicarle un diminutivo.

Hay demasiados chicos en ese estado y demasiados madres y padres convencidos de que su hijo nació "congénitamente vaguito". Debemos dejar de repetir este mismo libreto generación tras generación y animarnos a poner en duda muchas de las prácticas y creencias que aplicamos a la educación y la crianza.


Un ejemplo de esas prácticas y creencias es seguir manteniendo fuera de toda crítica la concepción que dice que los chicos tienen que ir a la escuela para aprender un montón de cosas que no les gustan ni les interesan sobre la base de que "cuando sean grandes ya van a poder elegir qué es lo que quieren hacer con sus vidas".  ¿Cuándo se es grande? ¿Qué tiene que ver eso con la vocación, el gusto, el deseo y la pasión? 


¡Qué bodrio de argumentos y de vida! Y lo digo de tripas, porque mis años escolares fueron eso, un bodrio de contramano, como reza nuestro lunfardo argentino. Lo más lindo de mi vida de estudiante fueron mis «actividades extra-escolares». Gracias a esas actividades no terminé de perderle las ganas a la vida y hoy, con todos mis años encima -que no son pocos- me encuentro divertida y con ánimo de bloguera.


Así las cosas, para el momento en el que se supone que los chicos ya están en condiciones de elegir, una amplia mayoría de ellos estará muy confundida o habrá perdido la confianza en sus propios criterios o deseos. Para ese momento, tanto los hemos interrumpido, tanto nos hemos metido con sus deseos, tanto hemos superpuesto nuestra visión sobre la de ellos, que al final ya no saben lo que quieren. Lo que sí les ha quedado bien claro es qué es lo que sus madres, padres y profesores queremos para ellos (¿o de ellos?).


Los adultos no lo decimos así, decimos que «sabemos lo que es mejor para ellos». Aquí otro eufemismo para evitar decir «esto es lo que quiero que hagas, caso contrario me sentiré mal o decepcionado contigo».



El cambio de rumbo es sencillo


Esta máquina de ponernos sabiondos y mandones en el ámbito de los sueños de nuestros hijos funciona de maravillas. Como lo expresé más arriba, al poco tiempo terminamos confirmando lo que creíamos de ellos: que ese chico no sabe lo que quiere y que nosotros teníamos razón.


Algunas sugerencias:


Conversá con tus hijos. ¿De qué? De todo, siempre les gusta charlar. Pero, especialmente, dejá que charle acerca de sus sueños. En ese caso, por favor, no se te ocurra meterte con ellos: sus sueños son sagrados.


No opines acerca de lo que te cuentan a menos que te ellos te consulten.


No le des consejos a menos que te lo soliciten.


Tampoco le ofrezcas ayuda a menos que te la pidan. Pero ojo! en los términos en que te la piden, no en el modo de lo que "vos creés que es mejor". Si no te especifican claramente qué necesitan no lo adivines y no resuelvas por ellos, formulales preguntas para que sean más específicos. La idea es que le des soporte, no que lo dirijas.


Si en última instancia no quieren que los ayudes, no te enojes.


El poder corrernos del lugar del padre o madre salvador o experimentado permite que el hijo encuentre en vos a ese adulto que lo quiere, lo acompaña y le da el apoyo incondicional que necesita para ir por sí mismo en pos de sus sueños.


Así, usted va a mantener vivo en su hijo o su hija el deseo de ser y hacer lo que desean y él o ella dispondrán de la energía que necesitan para lograrlo. Va a tener «ganas». Dejará de ser ese chico del que se dice que "es un poco vaguito". Dirán de él que "es de esos chicos que saben lo que quieren, que son entusiastas, emprendedores, voluntariosos, dedicados, perseverantes".


Vas a estar orgulloso de tu hijo o tu hija y ellos van a estar orgullosos de sí mismos. Vas a estar orgulloso de vos mismo y tu hijo va a estar orgulloso de sus padres. Todos salen ganando.



** Nota importante: este posteo no tiene nada que ver con la idea de no poner límites y dejarlos hacer todo lo que quieren, tiene que ver con no meternos con sus sueños y deseos más profundos.




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Isologo de Awayo que muestra simbólicamente tres personas conectando a modo de red con la intención de evitar la clásica imagen jerárquica de los integrantes de una familia y valorizar lo relacional y distribuido para la salud vincular.

Lic. Lía Goren

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