Soy porque el otro existe
- Lic. Lía Goren

- 23 jul 2017
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 19 ene

Necesitamos de los demás para ser nosotros mismos.
San Agustín
Hace un rato vi esta viñeta en Facebook y me resultó una bien ilustrada oportunidad para aclarar algunas ideas relacionadas con la crianza y la educación.
Muchas dificultades en la familia y en las escuelas tienen en su base este fallo de comprensión. Es cierto que ese niño es una persona diferente de su madre y que, con el paso de los años va asumiendo cada vez más grados de autodeterminación y realizando lo que quiere para sí mismo. Sin embargo, en un sentido profundo, la creencia de que puede “ser” sin su mamá, o cualquiera otra persona de su vida es errónea. Como niño, él existe porque el otro existe. Y lo mismo vale para los adultos pero nos cuesta más darnos cuenta de eso.
Hubiera sido lindo ver la misma viñeta con el niño diciéndole a su mamá: "me doy cuenta de que soy porque el otro existe", porque vos mamá, papá, mis maestros, todos, para bien y para mal, son y serán parte de quien soy. Como dice Esko Kilpi
La identidad se construye a partir del estar en relación, estando conectado, en contraste con la corriente de opinión predominante de la identidad a través de la separación. El conocimiento de uno mismo y del otro debe ser visto como co-construido.
Sin la mamá más toda la red de personas con las que se entrelaza la vida de un niño o una niña no existieran no podrían desarrollar su personalidad. Y no solamente porque necesitan del afecto, la palabra y los cuidados físicos y emocionales que los adultos u otros pares pueden darle, sino porque la cotidiana interacción con esos otros es lo que les devuelve la idea de quienes son, la idea de su propio valor, de lo que son o no capaces de hacer y hasta de la validez de sus propios sueños para el futuro. Si a un niño o a una niña los tratas de torpes, se creerán torpes, si le dices que lo amas pensarán acerca de si mismos como merecedores de afecto y serán también capaces de darlo.
La persona ya es red
La "relación con" es nuestra condición previa de humanidad. Si queremos mejorar la salud de la convivencia en la familia o en las escuelas tenemos que poner en el centro las relaciones y conversar en profundidad acerca de qué características toma una convivencia saludable y una que no lo es.
Como dice mi querido amigo Augusto de Franco:
El concepto de individuo -una caracterización biológica o una abstracción económica y estadística- tiende a perder sentido para dar lugar a la persona, que es, de hecho, quien existe como ser humano concreto.
Pero la persona ya es red. Nadie nace con tal condición, no basta ser un individuo de una especie, en términos biológicos, para ser humano. Decir que para los seres humanos "en el principio era la red" significa decir que e necesario nacer (con-vivir) en una red (social) para tornarse humano.
Aquél que es genéticamente humanizable solo consuma tal condición a partir de sus relaciones con personas (que ya fueron) humanizadas.
Esta idea de "ser" sin el otro, de individuo por sobre la de persona (enmarañada en una comunidad) es una falla conceptual que nos arruina la convivencia y nuestro futuro como humanidad.
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