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Responder como acto de presencia

Actualizado: 19 ago



Paisaje del mar en las costas de Ushuaia donde el pico de una montaña se espeja en el agua serena y simboliza la idea de "responder como acto de presencia".

Días de pascuas, judías y cristianas.

En esta época del año siempre me queda algún tiempo para conectar lo que vivo con lo que hasta ahora aprendí y recrearlo.

Desde el año 2008 y durante por lo menos unos 6 años más, interactué en un espacio virtual llamado Escola do Redes (Escuela de Redes). La principal virtud de la propuesta fue la de constituirse como un contexto relacional no jerárquico. De eso se trataba la propuesta: interactuar en red (distribuida más que centralizada). Guardando la cortesía básica de la conviencia, allí nadie mandaba a nadie, lo que allí importaba era interactuar desde lo que cada uno podía aportar y donde nadie se abocaba el derecho a la última palabra sobre ninguno de los temas que tratábamos. En palabras de su iniciador, Augusto de Franco (Brasil) en Escola do Redes "a Escola é a rede" (La Escuela es la red) E=R.

Después de mis experiencias y estudios de Expresión Corporal y Psicología Gestáltica, interactuar y aprender en este contexto fue lo más valioso e interesante que hice hasta hoy. Marcó un antes y un después en todo lo que vino después.

En ese tiempo comencé a comparar mis experiencias pasadas de conversar e interactuar en espacios configurados de manera centralizada (lo habitual en nuestras historias de vida transitadas en espacios altamente burocratizados) con lo la novedosa experiencia de conversar con otras personas en un espacio altamente descentralizado. Imaginen, se trataba de ersonas que recién iba conociendo y en portugués, cuando hasta ese momento yo no entendía ni hablaba nada de portugués.


Me sorprendí a mí misma ganando seguridad emocional y autoconfianza, creativa y abierta. Pude vivir y observar cómo, de este cambio en la configuración relacional, emergía una comunidad de amigos, mucha salud relacional y, casi sin darme cuenta, toneladas aprendizaje . Pensar y actuar "fuera de la caja" es una expresión absolutamente apropiada para lo que viví esos años.


Está allí quien responde

En estos días reflexionaba acerca de mis vivencias en Escola do Redes y me daba cuenta de que un factor importantísimo radicaba en el saber que siempre, siempre, Augusto de Franco estaba allí para responder.


No esperaba siempre su respuesta. Pero sabía que estaba, escuchando, respondiendo, entrando en interacción conmigo –y con los demás– a partir de aquello que le resultaba significativo o regalando un punto de vista nuevo y enriquecedor. No necesitaba su respuesta, pero confiaba en que estaba. Lo podía leer conversando con todos los que participaban de la plataforma (tarea titánica y generosa que tantos eruditos como él ni de casualidad se hubieran dispuesto a hacer), amigos con quienes gustosamente interactué y de quienes tanto me nutrí.


En sentido amplio, contaba con que alguien estaba por allí y me alegraba cuando 'encuentraba una respuesta’, que no es otra cosa que alegrarme en ‘el encuentro’ con el otro.

Reafirmo entonces la convicción de que la verdadera tarea del netweaver (el tejedor de redes) radica en esa disposición de incondicionalidad que se manifiesta a partir de la respuesta. Cada vez que respondemos le decimos al otro que no está sólo, que a alguien le importa su persona. Es esa interacción la que nos va constituyendo como personas.


Cuando nadie está ahí para conectar y responder, la realidad vivida es la exclusión, el camino se torna en desesperación y, en ocasiones, la muerte un alivio trágico. Responder como acto de presencia dignifica a quien interpela y a quien responde.

Creo que a casi todos nos cuesta comprender la idea de un espacio que no tiene dueño. Justamente, la cuestión central no es quién es el dueño, quién manda o quién controla. La cuestión central, para mí, es quién está allí. Y está allí quien responde.



El valor relacional de la respuesta


Esto que digo no obliga a nadie a responder, eso sería jerarquizante.

La cuestión a la que apunto es el valor relacional de la respuesta. Me importa valorizar la resonancia que despierta la palabra del otro. No se trata solamente de escuchar, se trata de lo que Kita Cá y Elsa Lanza (amadas maestras) llamaban “la escucha profunda”, esa escucha que se abre a la presencia del otro, un escuchar que se funde alquímicamente en quienes somos y nos trasciende, para emerger en forma de respuesta, una respuesta honesta que damos a quien nos ha honrado con su palabra. Una respuesta que es siempre novedad, tanto para quien la da como para quien la recibe. Algo que nunca hubiera existido si no fuera por la gracia del encuentro.

En los ámbitos de la física y la biología más avanzados tanto como en el de la ecología hablamos, entre otras cosas, de redes, de interdependencias y de emergencias. Pero, según lo veo en este momento, la idea que más me cautiva es la de la “relación” en el sentido buberiano de la palabra.



La respuesta es el motor de la circularidad de la vida

Augusto nos recuerda siempre que interactuar es hacer amigos. Y hacer amigos implica entablar relaciones recíprocas, y reciprocidad, para mí, equivale a decir que no sólo estamos en este mundo para decir y mostrarnos como pavos reales alardeando de nuestro bello plumaje, sino también para escuchar y, necesariamente, para responder. La falta de respuesta me trae la imagen de una semilla que no encuentra un terreno donde fecundar. La respuesta es el motor de la circularidad de la vida.

Pocas cosas nos duelen más que no ser escuchados. Pocas cosas provocan el desolador sentimiento de exclusión, de no formar parte de la red de la comunidad humana, como el no ser escuchados. Y si hay una forma en que el no ser escuchado se hace evidente es en la falta de respuesta.

Y el responder, en sentido profundo, no tiene que ver con dar alguna forma específica de respuesta. No se trata de dar satisfacción, de si digo o hago justamente lo que otra persona espera que diga o haga. Se trata de hacerle saber a ese otro que estoy allí y dispuesta a interactuar. Así, el responder deviene en un gesto de incondicionalidad, un gesto de amor que todos necesitamos para vivir.

Ser un nodo de la red de la vida en este mundo implica estar dispuesto a dejarse atravesar por la palabra de los demás. Quizás no siempre tengamos algo para decir. Y sería irreal o imposible pretender que en una comunidad todos respondan a todos. Pero lo que realmente importa (o debiera importar) en cada espacio de convivencia es que siempre haya alguien que responda.

Creo que si lo que deseamos es vivir, construir y sostener las redes de las que formamos parte, lo que también necesitamos aprender, por sobre todas las cosas, es a escuchar y a responder, antes que a hablar. Necesitamos que nos importe más darle al otro la gracia de saber que no está sólo antes que ser escuchados.

Extrañas palabras viniendo de mí, dado que soy bastante charlatana, el eco de haber sido poco escuchada y, por eso mismo, una desafío de aprendizaje personal. Aún así y al mismo, palabras que me confortan, porque sé que quienes me rodean cuentan conmigo y en medida de mis posiblidades, suelo responder.


Felices Pascuas | Jag Pesaj Sameaj

Gracias Fritz Perls, Patricia Stokoe, Martín Buber, Kita Cá y Elsa Lanza, Augusto de Franco Fotografía: Lía Goren - Ushuaia / Canal de Beagle / Argentina



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Comentarios


Isologo de Awayo que muestra simbólicamente tres personas conectando a modo de red con la intención de evitar la clásica imagen jerárquica de los integrantes de una familia y valorizar lo relacional y distribuido para la salud vincular.

Lic. Lía Goren

liagoren@gmail.com

​móvil:  +972 587 308 127

​Ciudad de Buenos Aires - Argentina

Haifa - Israel

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