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Los límites existen porque convivimos

Actualizado: 19 ene


Madre en actitud de estar amonestando por algo a su hija.


… para el individuo educado en la cultura occidental es difícil ver más allá del individuo. Estamos educados en una preferencia tanto ética como estética por la autodeterminación individual.


S. Minuchin y C. Fishman (2006)



El límite cobra relevancia, siempre, en el encuentro con el otro.


Para poder relacionarnos debemos reconocer, cada uno de nosotros, nuestro límite y nuestra diferencia. Ese es el necesario punto de partida de toda relación y una idea fundamental en el tema de los límites.


En el marco de las relaciones familiares y escolares, decirlo y actuar en consecuencia implica un significativo recorrido de aprendizaje intelectual y emocional.



No hay vivir que no implique convivir

Desde que la humanidad existe, unirse para coexistir es el motivo esencial que impulsa toda suerte de formato social. Con mejor o peor resultado, usted habrá crecido con la ayuda de personas que le proporcionaron algún tipo de sostén, cuidados y apoyos básicos,  Con el paso de los años, habrá experimentado cómo, entre todos, iban desarrollando variados modos de coordinar sus acciones con el objeto de garantizar distintos grados de satisfacción de intereses y necesidades, comunes e individuales.


Como adulto, es improbable que usted viva y se desenvuelva siempre en soledad. Resulta absolutamente necesario contar y gozar de momentos de soledad e intimidad, pero esta situación nunca será una condición permanente. Aun en el caso de trabajar por propia cuenta y en su propio hogar, alguna vez requerirá de los servicios de alguien para arreglar algo y deberá convenir algunos acuerdos mínimos con el proveedor del servicio.



La vida es vida de relación

En el marco del tratamiento del tema de los límites en el ámbito familiar y educativo, diremos que madurar implicará, básicamente, aprender a reconocer dos cosas: que los demás también existen y que si no estuvieran, sería imposible sobrevivir, así de simple.


Desde que nacen, las personas se desenvuelven y desarrollan como miembros de una red de vínculos confiables. Si el vínculo no resulta confiable, si no ofrece un mínimo de seguridad afectiva, no se puede hablar de vínculo. Perdemos las ganas de vivir cuando quedamos desconectados de la relación con los demás .


Por esto, porque no hay vivir que no implique convivir y porque, en realidad, la vida es vida de relación, es tan importante volver a valorar la colaboración y el bien común como sustento de nuestra humanidad.


Tenemos que descartar la idea de individuo y dar lugar al concepto de persona, ese ser humano que se va constituyendo, día a día y desde que nace, en el enmarañado, en la red de relaciones en las que participa a medida que crece, sin confundirse y a la vez relacionándose.



Nuestra cultura individualista, competitiva y exitista tiene consecuencias.


Los hijos y los estudiantes que hoy muestran dificultad para reconocer y aceptar la existencia de límites suelen tener también una fuerte incapacidad para desarrollar entendimiento y consideración por los demás. Entienden la vida como un espacio de estrellato o pugilato personal, como un reality show donde sólo se juega la farsa del juego del poder, sin ver que el que gana ha quedado irremediablemente solo y, con el pasar de los días, será también olvidado.

 

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Isologo de Awayo que muestra simbólicamente tres personas conectando a modo de red con la intención de evitar la clásica imagen jerárquica de los integrantes de una familia y valorizar lo relacional y distribuido para la salud vincular.

Lic. Lía Goren

liagoren@gmail.com

​móvil:  +972 587 308 127

​Ciudad de Buenos Aires - Argentina

Haifa - Israel

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