La violencia es una enfermedad de la convivencia
- Lic. Lía Goren

- 23 oct 2014
- 5 Min. de lectura

En el mes de abril del año 2012 había escrito uno de mis primeros posteos de este blog motivada por la noticia del suicidio de un niño de 12 años como consecuencia del acoso de sus compañeros de escuela.
En Abril de 2014, a raíz de la noticia de la muerte de una estudiante golpeada por sus compañeras a la salida del colegio porque, en palabras de sus compañeros "se hacían las lindas".
Esta segunda noticia me llevó a revisar y reeditar este posteo porque sentía que era necesario ser más contundente en relación al tema de la violencia de los jóvenes. Además de trabajar como terapeuta y consultora familiar, también capacito a educadores y no estoy muy de acuerdo con la forma en que se aborda el tema de la violencia en el ámbito educativo y en general en todos los ámbitos de nuestra cultura.
La crueldad siempre está ahí
En Abril de 2013, en un portal de temas de psicología, leí un artículo de Fernando Ulloa titulado Desamparo y Creación. En el mismo, el autor relata lo siguiente:
... llego a Praga y veo ese maravilloso Castillo de Praga que tanto nos ensoñó Kafka y que está reciclado en exquisitas acciones culturales, musicales, y veo que en la entrada del complejo hay dos pilares: debajo de cada pilar están los soldados, los guardias y arriba están lo que se llama: “Los dos gigantes en pugna”, son dos gigantes en lucha, para ver quién mata más víctimas. Uno apuñalando viejos, otro rompiendo cráneos de chicos, esto está en las puertas de ésta exquisita muestra de civilización y es una alegoría; la crueldad siempre esta ahí, uno convive con esto.
La violencia es una enfermedad de la convivencia
Quienes me conocen saben de mi oposición a la tendencia generalizada de poner el eje de la reflexión en la cuestión de la violencia. La violencia es una enfermedad de la convivencia. Cuando esto no se comprende florece por doquier un tratamiento simplista y desconectado del contexto relacional del cual las conductas violentas emergen.
Toda forma de violencia y toda forma de no-violencia dependen del modo como las personas de una sociedad dada conciben las relaciones entre sus conciudadanos. Y toda forma de convivencia depende en gran parte de cómo se conciben la diversidad y las relaciones de poder y como se naturaliza lo que de ello resulta.
Ante la diferencia
El maltrato padecido por los dos estudiantes muertos fue justificado en sus diferencias. Uno era gordito la otra "se hacía la linda". ¿Cómo es que estas diferencias determinan estos trágicos desenlaces?
Por ejemplo, si en una comunidad la diferencia es concebida como problemática y se justifica ideológicamente la normalización del vivir, el resultado será la ideación de mecanismos para controlarla, corregirla o suprimirla: la exclusión y la intolerancia serán algunos de sus efectos dramáticos en las vida de los diferentes.
En cambio, si la diferencia es considerada como parte inherente de la vida y como ventaja, los resultados, en términos de la convivencia posible, serán muy diferentes: la inclusión, la colaboración, el diálogo y la solidaridad serán lo cotidiano.
Mis preguntas
Para darle un sentido transformador a mi dolor invito a reflexionar sobre estas preguntas:
- ¿Cómo es que se ha deformado tanto la idea de lo qué significa vivir y convivir?
- ¿De dónde tanta necesidad de abuso de poder, crueldad y desprecio sobre el otro diferente?
- ¿Cuándo y cómo aprenden los niños y las niñas a estigmatizar y a juzgar a los demás por su tamaño o por su nacionalidad o por lo que sea?
- ¿Cómo es que cada vez a más temprana edad los chicos y las chicas han aprendido a gozar perversamente a partir de un sufrimiento provocado intencionalmente a otro ser humano?
- ¿Cómo es que estos niños y niñas, jóvenes y no tan jóvenes llegan a justificar sin restricción moral alguna tremenda violencia contra otros seres humanos y cómo llegan a despreciar de tal modo el valor de la vida y el respeto por la integridad física del prójimo?
Aunque la matriz del mundo en que los niños y las niñas conviven y se desarrollan está presente en el hogar y en la escuela (los dos ámbitos relevantes de sus vidas) pondré el eje en la escuela, pues es el punto común de las dos noticias que motivaron este texto.
Escuela y educadores
Lo que deberíamos dejar de naturalizar o negar es el hecho de que la institución escolar, en la gran mayoría de los casos, todavía está configurada como un sistema jerárquico y meritocrático, donde lo que finalmente importa y queda registrado es el desempeño individual, la comparación y la competencia. Este modo de ser de las escuelas, de modo velado, termina siendo una más de las fuentes de clasificación social y de la producción del estigma, la etiqueta de la que tanto se valen quienes discriminan para justificar su crueldad.
Así las cosas, por un lado, están aquellos educadores que no han podido percatarse de cómo esta dinámica de la escuela alimenta una mirada social basada en la diferencia, y de cómo esta diferencia es, además, concebida como problemática.
Por otro lado, están los educadores que son conscientes de esta situación y que encuentran muy difícil contrapesar y confrontar una cultura de discriminación y maltrato que entra en la escuela de la mano de los estudiantes y sus familias. Algunos aspectos de la burocracia escolar los dejan en la incómoda posición de sostener un discurso en el que creen, pero que se contradice con algunas de las prácticas habituales de la educación. Por ejemplo, el hecho de que a todo estudiante que no haya alcanzado el nivel estandarizado en la normativa escolar "repite" el curso, quedará excluido y portando, de manera simbólica, algún grado de estigma de problemas o incapacidad.
Las vida en las escuelas tiene que cambiar
Dicho esto, me importa mucho aclarar que de ninguna manera intento encontrar culpables en el modo de ser y hacer escuela pero, definitivamente, hay cosas que deben cambiar. La vida en las escuelas se desenvuelve en múltiples planos y todos ellos están sujetos a nuestra reflexión. Uno de esos planos es el de el sufrimiento y la violencia que se despliegan a diario en todos sus rincones.
Espero que mi mirada y las preguntas que planteé inviten a ver la complejidad y la importancia del escenario relacional que enmarca la violencia y que despierten la conciencia acerca de unos modos cotidianos de convivir (yo sólo abrodé algunos) que nos parecen neutros y sin embargo no lo son. Las horribles consecuencias están demasiado a la vista de todos y nos duelen.
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